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El nuevo Colmado Quílez cumple 108 años

El nuevo Colmado Quílez cumple 108 años

El colmado Quílez abrió sus puertas en 1908 gracias a la familia Vilaseca, le siguió Julián Quílez en 1940 y lo dinamizó Andrés Lafuente (padre de los actuales propietarios) tras hacerse cargo del negocio en 1974. Fue la primera tienda de España en tener marca propia de café, en apostar por la variedad de cervezas artesanas cuando nadie las conocía, además de erigirse en el primer importador estatal de carne argentina. Un paso por delante, con diversidad y marcando tendencias, tiene más de 200 referencias de aguas, por ejemplo, Colmado Quílez vive en una actualización constante, siempre en la búsqueda del mejor producto: su seña de identidad. Más de 100 años escuchando al cliente tienen su recompensa.

El año pasado estuvo a punto de bajar las persianas para siempre pero con la ayuda de los clientes, vecinos y demás gente se logró que no cerrará para siempre sino que hicieran obras reduciendo el local histórico. Mientras se hizo la transformación el Colmado pasó a ocupar la trastienda de lo que fuera el local inaugural, el que durante décadas sirvió los mejores productos al público barcelonés. Pasaron de los casi 500m2 que ocupaba a 90m2, conservando a sus 12 trabajadores.

En 1995, la familia Lafuente había adquirido un local enorme en la calle Aragón, a apenas 50 metros de la tienda original, y hasta él se movió el gran almacén y el obrador de la tienda, permitiendo concentrar en el nuevo emplazamiento suficientes referencias y la esencia del colmado. Durante ocho meses, de febrero a octubre de 2015, la tienda de Aragón concentró toda la oferta, permitiendo seguir dando servicio durante la realización de unas obras que han devuelto el esplendor de Colmado Quílez en una parte al menos de su localización original.

El pasado jueves 26 de mayo levantó persianas para presentar el local reformado, actualizado y con la mejor selección gastronómica gourmet, es sin lugar a dudas el nuevo Colmado Quílez, el de siempre, al que se entra bajo el marco de madera patrimonio de la ciudad, el que no ha perdido un ápice de los principios que lo han consagrado: el mejor servicio y la mejor oferta. Donde los dependientes van con la bata blanca y corbata; su caja registradora que inauguró el local en los años 40, más 8.500 referencias entre alimentación y botelleria, siempre con stock suficiente, divididas éstas entre la tienda original y la de la calle Aragón, también sucursal del colmado amén de almacén y obrador, el mismo equipo humano y la filosofía avanzada y pionera, apostando por nuevos productos y tendencias que después eclosionaron.

Sus actuales propietarios son conscientes que la experiencia del personal es necesaria, atienden a pie de mostrador, con su bata y corbata, resuelven las dudas del cliente aconsejando y enseñando nuevos productos que se desconocen. Personal formado en sumillería, en corte de jamón, personal bien dirigido por el fallecido Andrés Lafuente en 2014, y ayudado por sus hijos, quienes han aprovechado el cambio de local para seleccionar los mejores productos y proveedores y cribar por calidad. “Si antes teníamos cinco marcas de navajas, ahora nos hemos quedado con dos, pero las de mayor calidad”, comentó Carlos Lafuente.

Siguen teniendo su propia marca como es la ventresca de bonito, sardinillas o navajas; queso de todas las denominaciones, barquillos o catanias caramelizadas; jamón cortado a mano, aceite o salmón escogido; hasta ocho tipos de café, molido y a granel; o el producto estrella, el jamón dulce, que siguen preparando en el obrador con receta secreta. Son decenas de productos propios, comercializados con el nombre del colmado y de calidad superior. Se pueden considerar detalles gourmet comprados en un colmado que en la actual ya no existen. Fue la primera tienda de alimentación en recibir el sello de Cuina Catalana por su querencia en demostrar la valía del producto propio, siempre han apostado por la gastronomía de calidad.

La historia de este Colmado es dedicación y pasión que ahora la llevan Laura, Marta, Andrés y Carlos, no en vano se han criado en él, afirmó Carlos “Cuando tenía tres años ya entraba a la tienda con mi padre. Es parte de mi vida y de mi familia”. Tras recibir el traspaso por parte de Julián Quílez, el auténtico motor de arranque de la tienda, Andrés Lafuente impulsó en 1974 el negocio para situarlo en la excelencia de la ciudad. Incorporó la botellería, de la que carecía hasta entonces, y apostó por las marcas de la casa. Conservó el nombre histórico y fue fiel a trabajadores y clientes. Ahora, es la segunda generación de la familia Lafuente la que ha cogido el relevo, y la que ha actualizado el antiguo “colmado de productos” en una tienda gourmet y avanzada.

Primero fue el mismo Andrés Lafuente padre quién impulsó la tienda desde 1974. Más tarde fue su segundo, Álvaro Montero, quién se hizo cargo de ella en 1991. Fueron años duros, pero valores como la constancia, el trabajo o la honestidad empresarial -, hicieron crecer al colmado. En 1997 tomó el mando del colmado Faustino Muñoz, que entró como aprendiz en 1976, como su anterior predecesor. Trabajo, trato, más trabajo y 40 años después, con 57, es director del colmado y también sumiller titulado por la Escola de Restauració i Hostelatge de Barcelona y por la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona. Una eminencia en el campo, un consejo siempre abarcable en la sección de vinos de la tienda. “Hacemos nosotros las catas y escogemos siempre el mejor producto”.

Actualmente, a su lado, 38 años más joven, Manuel Muñoz viste con uniforme pero aún sin bata. “Se la debe ganar. De momento se está formando y es aprendiz”. Símbolo de respeto. Es hijo de Faustino y, como lo hicieron los hermanos Lafuente, ha bebido de Quílez desde que nació. Ahora es cortador de jamón profesional y también atiende a pie de mostrador. Es la esencia y el futuro de Colmado Quílez, la profesión de dependiente, el deber de la formación y el respeto. La vida familiar de un colmado especializado.

Sus propietarios han decidido realizar cursos de formación cada 15 días dedicados al cliente, con temáticas pertinentes. Cómo leer una etiqueta de jamón, de caviar, aprender a diferenciar jamones, a cortarlos, aprender los nombres, denominaciones y características de los vinos… Cursos que se programan periódicamente y que tienen un fin social. Una pata más del universo y de la lógica del Colmado.

El sistema de cobro sigue con la caja registradora. El cliente es atendido en el local. Se le entrega el producto y el ticket, que debe ir a abonar a la caja que está a la entrada. Allí, frente a un artilugio modernizado pero datado en los años 40’, una cajera cobra, saluda y despide. Así es desde los inicios de la tienda. Así será hasta que los barceloneses quieran.

Disponen de productos estrella aunque sea colmado ofertan ventresca de bonito, sardinillas o navajas, pero el Colmado Quílez destaca especialmente por su selección gourmet. Así, foie gras de oca o pato, crestas de gallo confitadas, ancas de rana, orejas de cerdo enlatadas o catanias caramelizadas, bañadas en praliné y cubiertas de cacao, son algunos de los productos que llenan sus estanterías. La marca propia se ha convertido en el mejor reclamo de calidad del local, y con ella comercializan todo tipo de producto que se pueda asociar a calidad gourmet.

De botellería cuentan con más de 5.000 referencias con, entre otros, más de 350 tipos de ginebras, 550 de rones, centenares de marcas de cava y vino o 1.200 tipos de whisky, con precios que oscilan desde los 2€ hasta 26.000€, como es el caso del whisky de malta Glenfiddich 50 años que tienen a la venta en el local madre. Títulos tanto nacionales como internacionales, con un cuidado especial a las referencias catalanas tanto en caldos como en productos de alimentación.

Montse Carreño, 26-Mayo-2016

  • 26MAYO2016 El espacio cambia, el espíritu se mantiene en el Colmado Quílez.
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