Wittmore Hotel transforma su jardín vertical en un espacio de memoria viva
En la segunda edición de Projecte 360º, el Wittmore Hotel, situado en el barrio Gótico de Barcelona, ha decidido transformar su jardín vertical en un espacio de memoria viva. Una iniciativa artística anual, que convierte su emblemático jardín vertical en una sala de exposiciones efímera al aire libre.
Por este motivo, la artista Berta Blanca T. Ivanow presenta ‘MNEMÓSINE’, una instalación site-specific concebida en colaboración con Dessislava Pirinchieva, fundadora de Splash International Cultural Agency, e inspirada en el antiguo lavadero sobre el que hoy se erige el hotel.
Tras una primera edición protagonizada por Rosa Tharrats, Wittmore Hotel inaugura ahora ‘MNEMÓSINE’, un proyecto concebido específicamente para el espacio por la artista multidisciplinar Berta Blanca T. Ivanow, y comisariado por Dessislava Pirinchieva.
Permanecerá abierta al público hasta el 14 de septiembre de 2026. El jardín vertical está compuesto por más de 3.000 plantas y visible desde todas las habitaciones y desde el restaurante Contraban, vuelve a convertirse en un escenario artístico vivo en el que naturaleza, arquitectura y creación contemporánea dialogan desde una mirada sensorial y sostenible.
Con Projecte 360º, Wittmore Hotel reafirma su papel como refugio creativo y punto de encuentro para mentes curiosas, consolidando su compromiso con la comunidad artística local e internacional a través de proyectos site-specific que dialogan con los valores esenciales del hotel: creatividad, inclusión, modernidad y sostenibilidad.
A través de una instalación escultórica de vidrio de cuatro metros de altura, ‘MNEMÓSINE’ activa la memoria histórica del espacio mediante una propuesta que evoca los rituales, las coreografías cotidianas y las historias compartidas por las lavanderas que habitaron este espacio.
La obra nace de dibujos y maquetas de arcilla hechos por la artista. Los prototipos interpretan los gestos humildes y repetitivos de las manos anónimas de las lavanderas. Posteriormente, las formas han sido interpretadas en vidrio soplado junto al artesano Ferrán Collado. El resultado son cinco esculturas de vidrio tintado interconectadas mediante ramificaciones que simbolizan el vínculo colectivo, el cuidado y la resiliencia compartida.
El proyecto establece además un diálogo entre los dos estudios situados en Catalunya, el de la artista en Teià y el del artesano en Capellades, trasladando el mundo intangible de las ideas hacia una materia que conecta pasado y presente.
La propuesta toma su nombre de Mnemósine, diosa griega de la memoria y madre de las musas, asociada en la tradición órfica al río del recuerdo en oposición al río Lete, vinculado al olvido. Esta dualidad atraviesa toda la instalación entendiendo ambas fuerzas no como opuestos, sino como partes inseparables de la experiencia humana.
La propia artista explica “En el gesto artesano, la mano transforma lo invisible en belleza, y en cada acto silencioso el tiempo mismo se disuelve en la repetición, como si la vida encontrara en ese ritmo su forma más profunda de creación”.
La inauguración contó con una performance concebida como una activación de la instalación site-specific. A través de un recorrido en cinco actos, el público vivió una experiencia inmersiva y participativa donde cuerpo, memoria, agua, luz y gesto dialogaron con los distintos espacios del hotel.
Esta acción performativa contó con distintas colaboraciones artísticas y gastronómicas, integrando también una propuesta efímera creada junto al restaurante Contraban.
Estas creaciones culinarias trasladan el universo conceptual de la instalación, inspirándose en la memoria y el olvido. Un plato salado evoca la idea de memoria persistente, mientras una elaboración dulce remite a los sabores difusos de una infancia olvidada.
Ambas permanecerán disponibles durante todo el período expositivo.
Montse Carreño, Mayo-2026
Fotos: Cortesía de Wittmore Hotel.
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